Boletín de SOMETCUBA

Volumen 5 Número 1

Enero 1999

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VERIFICACIÓN DEL PRONÓSTICO PARA 1998 DE LA ACTIVIDAD CICLÓNICA EN EL ATLÁNTICO NORTE

Por:

Maritza Ballester Pérez

Instituto de Meteorología
CITMA

Ramón Pérez Suárez

y

Cecilia González Pedroso


El comportamiento de la actividad ciclónica en 1998 superó con amplitud todas las expectativas.

En la Tabla 1 se muestra el comportamiento de los pronósticos emitidos (Ballester et al. 1998a, 1998b) por medio de la comparación entre los valores pronosticados (P) y reales (R) de las variables, que se consideran en el método de pronóstico estacional diseñado por Ballester y González (1996), así como entre las desviaciones normalizadas de estos valores (DP y DR, respectivamente), tomando en cuenta los promedios para el período 1966 - 1994, correspondiente a la muestra dependiente. Como norma se consideran los valores de las desviaciones oscilando entre -0.5 y 0.5.

Las variables pronosticadas fueron:

CT - cantidad de ciclones tropicales (tormentas tropicales más huracanes).

H - cantidad de huracanes.

At - cantidad de ciclones tropicales a formarse sobre el área oceánica.

CG - cantidad de ciclones tropicales a surgir en el Caribe y el Golfo de México.

Com - día en que se desarrolla el primer organismo de la temporada.

Fin - día en que se disipa el último organismo de la temporada.

Tabla 1. Comportamiento de los pronósticos de la actividad ciclónica en 1998.

Variables

P

R

DP

DR

CT

8

14

-0.3

1.9

H

4

10

-0.6

2.5

At

6

9

-0.1

1.1

CG

2

5

-0.4

1.7

Com

208

209

0.5

0.5

Fin

299

335

-0.3

1.2

Nota: El comienzo y final de la temporada se expresan en días Julianos.

Tanto en la emisión del pronóstico estacional realizada el 2 de mayo, como en su actualización el primero de agosto, se expresaba que la actividad ciclónica de la cuenca atlántica retornaría a la normalidad, porque la circulación troposférica de la región tendía a normalizarse debido al debilitamiento del evento ENOS (El Niño / Oscilación del Sur), el cual se había manifestado muy fuerte desde 1997. A pesar de la desaparición esperada de ese evento, se consideró que se mantendría una influencia residual durante casi toda la primera mitad de la temporada ciclónica, según los años análogos (1983, 1941, 1992, 1889, 1897 y 1926) determinados por el modelo analógico de predicción del Indice ENOS (IE) del Centro Nacional del Clima (CNC) de Cuba. De aquí, que los valores presentados en la columna P de la tabla se obtuvieron bajo el supuesto de esa influencia residual como un efecto negativo, además del que producirían los vientos del este predominantes en la estratosfera ecuatorial durante la temporada ciclónica. El factor compensador estaba dado par la circulación atmosférica desde la superficie hasta la troposfera media, la que se mostraba favorable en abril (mes que se utiliza como predictor).

Como consecuencia de lo expresado con anterioridad, se esperaba una actividad cercana a lo normal para toda la región (ver columna DP de la tabla), que superaría algo a la de la temporada de 1997.

El déficit de los pronósticos tanto de la cantidad de ciclones tropicales como de huracanes en temporadas activas, es un hecho ya observado en los años 1995 y 1996. La existencia de importantes variaciones multidecadales en la actividad de huracanes del océano Atlántico, causadas por las variaciones de la temperatura superficial del mar relacionadas con las variaciones multidecadales de la circulación oceánica, ha sido señalada por varios investigadores (Gray et al., 1992 y Landsea et al., 1992). Desde hace varios años se está observando un marcado incremento de la temperatura del mar en el Atlántico Norte, lo que unido al comportamiento de las temporadas de 1995, 1996 y 1998, indica que quizás se esté iniciando una nueva etapa activa en esta región (Goldenberg et al., 1998), con frecuencias tan altas como las observadas entre las décadas del 30 al 60. Esto obliga a actualizar la muestra dependiente del modelo de predicción con las últimas temporadas; aspecto en el que ya se trabaja en el marco del proyecto "Los ciclones tropicales de Cuba, su variabilidad y su posible vinculación con los Cambios Globales".

No obstante el análisis expuesto con anterioridad, el número de ciclones tropicales desarrollados en 1998, puede estar influido por factores observacionales o de otros tipos relacionados con el proceso de análisis que se realiza con vistas a la confección de diagnósticos y pronósticos.

Resulta de interés que la tormenta tropical Charley, con apenas medio día de existencia, así como las tormentas Frances y Hermine (menos de un día de duración) con patrones nubosos asociados no característicos de ciclones tropicales (más bien propios de las depresiones monzónicas), elevaron a cinco el número de ciclones tropicales desarrollados en el área del Caribe y el Golfo de México, lo que repercutió en la cantidad total de toda la cuenca atlántica. Otro caso con patrón nuboso asociado no típico fue el huracán Earl, desarrollado también en el citado golfo. En general, los sistemas que se formaron sobre el Golfo de México fueron atípicos.

En el océano Atlántico también se observaron ciclones tropicales con características singulares, ya sea por presentar diámetros pequeños o por la forma en que se originaron. Fueron estos los casos de Karl y Nicole. Al parecer no sólo los factores físicos, descritos más adelante, han influido en que la temporada ciclónica de 1998 haya sido tan activa.

Una predicción acertada se tuvo para el predictando referido al comienzo de la temporada (Com). Sin embargo, el final de temporada (Fin) tuvo un retraso con respecto a la fecha pronosticada, dado por la presencia a finales de noviembre del huracán Nicole en el Atlántico oriental, al este de Las Canarias, región en la cual no se ha observado en ese mes la formación de tormenta tropical alguna desde 1871.

De los organismos surgidos en el área oceánica se esperaba, con una probabilidad alta (70%), que al menos uno de ellos penetrara en el Caribe, lo que se cumplió con la afectación directa del huracán Georges sobre el grupo norte de las Antillas Menores, Puerto Rico, La Española y la región oriental de Cuba.

Además de los dos pronósticos realizados sobre las características de la temporada ciclónica de 1998, en cada uno de los meses que conforman dicha temporada (junio – noviembre) se confeccionaron trimestralmente las perspectivas para el área caribeña, como una contribución al "Caribbean Regional Climate Outlook Forum". En esas perspectivas siempre se consideró que el área tenía una alta probabilidad de afectación por al menos un ciclón tropical proveniente del este desde septiembre, atendiendo al pronóstico probabilístico antes citado; además de que se esperaba la formación de uno en el Mar Caribe. Este último pronóstico se obtuvo de un nuevo sistema de ecuaciones, que se está probando experimentalmente (Ballester y González, inédito). Las predicciones realizadas para este fin fueron muy buenas, tanto por el paso de Georges por el área como por la formación del huracán Mitch en el Caribe.

La previsión de carácter probabilístico para Cuba siempre contempló que este país fuera afectado al menos por una tormenta tropical, con una probabilidad mayor para los sistemas de origen caribeño (60%) que para los formados en el resto de la región. Esta última se elevó del 20% indicado en mayo al 30% en la actualización de agosto. Debido a lo pronosticado sobre la fecha de comienzo y final de la temporada, se excluían de la afectación los meses de junio, julio y noviembre, considerándose dentro del resto de ellos a octubre como el de mayor peligro potencial.

Cuba fue azotada por el huracán Georges del 23 al 25 de septiembre y tuvo un peligro potencial en la tercera decena de octubre ocasionado por la presencia en el Caribe del intenso huracán Mitch. Sin embargo, Mitch influyó de forma indirecta el 4 de noviembre, cuando éste se trasladaba por el sudeste del Golfo de México, con fuertes vientos de región sur en la región occidental del territorio cubano y actividad de chubascos y tormentas eléctricas, situación semejante a las producidas por el paso de bajas extratropicales sobre esa parte del citado golfo. Esta componente de la predicción emitida, quizás la de mayor importancia, tuvo un buen cumplimiento.

En la Fig. 1 se representan los campos medios de la componente zonal del viento en el nivel de 200 hPa en la región del Caribe y del Golfo de México, en los meses de julio a octubre. En julio se tiene la influencia de la vaguada troposférica superior tropical sobre el área, mientras que en agosto se observa una fuerte imposición de los Estes. En la última decena de este mes predominó sobre el Golfo de México una circulación anticiclónica, lo cual favoreció la actividad ciclónica con el desarrollo de dos tormentas tropicales. El ambiente anticiclónico en los altos niveles de la troposfera se mantuvo en el área analizada y en el resto del Atlántico tropical durante septiembre, mes que presentó la actividad máxima, con cuatro huracanes en el Atlántico y dos tormentas tropicales en el Golfo de México. En octubre las condiciones anticiclónicas fueron más marcadas por la última decena del mes en el suroeste del Caribe, lo que favoreció el desarrollo y mantenimiento del poderoso Mitch.

En general, este análisis indica que se fueron estableciendo de forma gradual las condiciones favorables para el desarrollo e intensificación de los ciclones tropicales, debido al enfriamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial oriental después de la desaparición en junio del evento ENOS. La influencia residual del ENOS estuvo dada durante julio y primera mitad de agosto por las condiciones de la circulación atmosférica en superficie y niveles bajos, dominando el anticiclón subtropical del Atlántico toda la franja tropical con Estes fuertes, que inhibían el desarrollo de las ondas tropicales que procedían del Africa, excepto la que diera origen a Alex el 28 de julio. La normalización de esa parte de la columna atmosférica, unido a la presencia de una circulación anticiclónica predominante en la troposfera superior y al calentamiento (anomalía media de » 0.8° C en el período más activo de agosto a octubre) de las aguas del Atlántico en la zona de máxima ciclogénesis, hicieron que esta temporada tuviera un comportamiento por encima de la norma.

El único factor adverso al desarrollo e intensificación de los ciclones tropicales fue la presencia de la fase Este de la oscilación Cuasi – Bienal de los vientos en la estratosfera ecuatorial.

Perspectivas para 1999

Se espera que la temporada ciclónica de 1999 tenga un comportamiento muy activo, debido fundamentalmente a la conjugación de dos factores que deberán favorecer la actividad en la región del Atlántico Norte, estos son:

  1. La ausencia de un evento ENOS, según las tendencias previstas de la temperatura superficial del Pacífico ecuatorial oriental (Boletín del Centro de Predicción del Clima de los Estados Unidos, noviembre 1998) y del Indice IE (Boletín de la Vigilancia del Clima del CNC de Cuba, noviembre 1998).
  2. La presencia de una fase relativa de los Oestes de la Oscilación Cuasi – Bienal del viento estratosférico ecuatorial.

El pronóstico para 1999 de la actividad ciclónica en el Atlántico Norte será emitido el próximo 2 de mayo.

Agradecimientos

Se agradece la colaboración de la colega Milagros Sarmientos y de los Departamentos de Pronóstico del Tiempo, Centro de Cálculo y del Centro Nacional del Clima para la confección de este trabajo.

Referencias.

cb2_1.gif (4879 bytes)cb2_2.gif (4281 bytes)cb2_3.gif (4557 bytes)cb2_4.gif (5069 bytes)

Fig. 1. Valores medios de la componente zonal del viento en el nivel de 200 hPa en los meses de julio a octubre de 1998.

Autoría del Boletín: faustino
Copyright © 1998 Sociedad Meteorológica de Cuba
Última modificación: March 03, 1999

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