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Las primeras observaciones meteorológicas utilizando instrumentos, efectuadas en La Habana al paso de un ciclón tropical, se deben al capitán Tomás Ugarte, oficial de la Marina española. Fueron practicadas durante la "Tormenta de San Agustín", acaecida en el mes de agosto de 1794 (1).
Ugarte no se limitó a realizar únicamente lecturas barométricas, y agregó a ellas los valores de la temperatura y la humedad, añadiendo además, anotaciones sobre la dirección y velocidad del viento y apuntes sobre la intensidad de la lluvia y la dirección de las nubes.
La diligencia y precisión mostradas por el observador, nos han conducido a pensar que quizás no era esta la primera vez que el marino español se encontraba en el escenario de un ciclón tropical. Otro elemento que parece apoyar esta hipótesis, es el cambio efectuado por Ugarte en la periodicidad de sus observaciones, que comienza por anotar cada 4 horas entre los días 25 y 26 de agosto, pero que decide reducir a un intervalo de 2 horas en la madrugada del 27, y a sólo media hora durante la mañana de ese mismo día, cuando el continuo descenso del barómetro en las 48 horas anteriores, y el incremento en la fuerza del viento y la lluvia, se convierten en claras señales de mal tiempo. ¿Sospechó acaso del extraño cambio en la dirección del viento que había comenzado a "rolar hacia la derecha"?.
No conocemos cabalmente los parámetros técnicos de los instrumentos utilizados por el Capitán para sus observaciones; ello nos impide evaluar las correcciones relativas a los errores de ajuste en el barómetro. Asimismo, desconocemos si las lecturas fueron corregidas posteriormente a la gravedad, altura y temperatura estándares. Sí se sabe que se trataba de un barómetro marino de mercurio, "tipo Dollond", seguramente de cubeta fija, graduado en pulgadas inglesas (1 pulgada inglesa Û 33,86395 hPa (2)).
En cuanto al termómetro empleado, llevaba escala Farenheit, por ello suponemos que era también de fabricación británica. No es improbable se tratara de un termómetro de alcohol. Del "higrómetro Vuatenhurst" cuyas lecturas aparecen aquí, nada sabemos.
En relación con la estimación de la velocidad del viento y su rumbo, se emplea la terminología usual entre los marinos españoles. Aún faltaban varios años para que se comenzara a utilizar la escala de 12 puntos ideada por el inglés Beaufort en 1805 (3).
Resulta interesante destacar que Ugarte incluye junto a la fecha de las observaciones, el dato de la fase de Luna que corresponde. Así, representa con el símbolo 2, que el 25 de agosto de 1794 nuestro satélite natural se hallaba en el segundo día del cuarto menguante; y de esa forma lo señala sucesivamente en cada uno de los días entre el 25 y el 28 de agosto.
Estas son pues las primeras observaciones instrumentales realizadas en La Habana y seguramente en Cuba, durante el paso de un ciclón tropical. Aparecen contenidas en un documento impreso, que forma parte de los fondos de la biblioteca de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, que hoy se conservan en el Centro de Estudios de Historia de la Ciencia y la Tecnología (4).
Si aceptamos como correcto el criterio de Henry Piddington, autor de numerosos trabajos sobre ciclones tropicales, quien fuera además presidente de la Corte Marina de Calcuta, la primera observación donde se relacionan fluctuaciones del barómetro con el paso de una tormenta, se debe a un observador nombrado Fras Hauksbee y aparece fechada en 1703 (5). El descubrimiento fue realizado durante una tempestad acaecida en Inglaterra. Esta observación siempre según Piddington, aparece publicada en el volumen XXIV, pag. 1629, de las conocidas Philosophical Transactions.
Al Papel Periódico de La Habana corresponde en Cuba la primera publicación de observaciones meteorológicas efectuadas en la Capital de la Isla (no relacionadas con un huracán), hecho que se remonta al mes de diciembre de 1791 (6). Cinco años más tarde, Antonio de Robredo comenzaba a realizar su serie de observaciones tomadas en una finca del Wajay. Pero entre esos dos hechos aparece esta serie de lecturas instrumentales, a propósito de la presencia de un sistema tropical en las inmediaciones del Puerto de La Habana.
Cuando las mismas se llevaron a cabo, ya se conocía de la enorme destrucción causada en las Antillas 14 años antes por el "Huracán de la Barbada", que había ocasionado unas 25 000 muertes en el área del Caribe: 8 000 de ellas en el mar, procedentes principalmente del naufragio de dos grandes flotas, una inglesa, anclada en Santa Lucía, y otra francesa, destruida por el meteoro en las proximidades de Martinica. Mientras, en las Indias Occidentales, más de 16 000 seres humanos perdieron la vida bajo el embate de los elementos en aquel ciclón. Este sistema tropical generalizó el término de "Gran Huracán", utilizado entonces para denominarlo (7). Esta definición se aplicó después sensu lato a otros fenómenos de intensidad similar.

Específicamente en Cuba, se recordaba aún la "Tormenta de Santa Teresa" (octubre 25 de 1768), que causó alrededor de un millar de muertos y destruyó más de 4 000 casas (8). En 1791 (junio 21) había cruzado sobre la provincia de La Habana, el célebre "Temporal de Barreto", dejando a su paso 3 000 muertes y la pérdida de los cultivos y de 12 000 cabezas de ganado debido a las extensas inundaciones provocadas por las lluvias (9).
En cuanto al ciclón del 27 al 28 de agosto de 1794, Desiderio Herrera lo identifica en su conocida cronología (10) como "Tormenta de San Agustín", y, en efecto, Andrés Poey lo menciona referencialmente en uno de sus trabajos (11), en el cual incluye los valores de la presión atmosférica observada durante el paso de varios huracanes. En este caso, señala una mínima de 27,8 pulgadas francesas para el caso de agosto de 1794, fenómeno que encabeza la relación de Poey sin señalar otro meteoro que lo preceda en el tiempo donde conste una medición barométrica.
Mas tarde, el periódico habanero "La Discusión" (12), presentó a sus lectores una relación histórica de registros barométricos obtenidos en diferentes huracanes, y señala también como primer caso en la sucesión cronológica al meteoro de agosto de 1794, con un valor mínimo de 749,29 mm (998,97 hPa), cifra muy cercana a la que indica Ugarte en su Memoria.
Ya en nuestra Cronología de 1996 (13), habíamos señalado las observaciones del capitán Ugarte como las más antiguas realizadas en Cuba utilizando instrumentos al paso de un ciclón tropical, pero no habíamos tenido la oportunidad de publicarlas como ahora lo hacemos a la distancia de 205 años, al trabajar sobre la copia de este tesoro bibliográfico, tal vez el único ejemplar existente en Cuba.
En la transcripción que aparece a continuación, se han respetado estrictamente la ortografía y la sintaxis del trabajo original, así como el orden que el autor dio a los diferentes datos incluidos en su informe.
ReferenciasObservaciones
Meteorológicas... ![]()
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