Boletín de SOMETCUBA

Volumen 4 Número 1

Enero 1998

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LA METEOROLOGIA Y EL "METEORITO DEL TUNGUSKA"

Por Luis E Ramos Guadalupe


La primera reseña histórica documentada en relación con "una piedra caída del cielo" aparece fechada en 1492, y se refiere a un acontecimiento ocurrido el 10 de noviembre de ese año en los alrededores de la localidad de Einsisheim, Alsacia, en Francia. Sin embargo, fue en 1803 cuando comenzó a ser aceptada la idea de que estas "piedras" tenían un origen extraterrestre.

Se estima que anualmente se producen en el planeta unos 500 impactos meteóricos como promedio. En su mayoría no aparecen registrados ni han podido ser estudiados, porque tienen lugar en regiones despobladas como los océanos o los desiertos, por ejemplo.

Un evento de esta naturaleza acaeció justamente 90 años atrás sobre los milenarios bosques de coníferas que cubrían la cuenca del río Podkámennaya Tunguska, en Siberia central, Rusia.

El martes 30 de junio de 1908, a las 0h 16min T.U. (7:16 hora local), los habitantes de una remota localidad llamada Vanovara observaron en el cielo completamente despejado un gigantesco meteoro con las características de un bólido, cuyo brillo superaba al del Sol. Seguidamente, una horrísona explosión estremeció el lugar. El estampido se escuchó a más de 700 km de distancia.

La onda de choque creada por el cuerpo meteórico se precipitó verticalmente, destrozando las ramas de los árboles existentes en el área situada bajo el foco de la supuesta explosión. Sus troncos, en cambio, quedaron en pie. A partir de una zona comprendida entre 30 — 60 km del centro de la catástrofe, todos los árboles cayeron radialmente; apuntando con sus raíces hacia el lugar donde se había producido el fenómeno. Una densa columna de gases y polvo ascendió en la atmósfera hasta alcanzar una altitud estimada en 20 km.

Los efectos de la onda fueron descritos por los comarcanos como "un huracán ardiente". Los cazadores evenkos decían que toda la región estaba bajo los efectos de un maleficio; y que Ogdi —dios del fuego y de los truenos—, había fijado su morada en aquel lugar de la Tierra para abrasar con fuego invisible a cuantos se atrevieran a acercarse al sitio.

A causa de la violenta "explosión" saltaron los cristales de las ventanas en un área de 70 km a la redonda. Varias estaciones sismológicas registraron la sacudida. La dispersión del polvo y los gases, según los vientos predominantes en la tropósfera superior y en la estratósfera, produjo formaciones nubosas similares a los cirrus muy altos y a las llamadas nubes noctilucentes, que brillaron en la noche a más de 80 km de altura.

La determinación de la magnitud de la onda generada en la atmósfera por el cuerpo cósmico fue una tarea de gran complejidad para los científicos, hasta que años después el astrónomo Whipple (1930), entonces director del Observatorio Geofísico de Kew, en Richmond Old Park, Reino Unido, tuvo la idea de realizar un estudio completo de los gráficos trazados por microbarógrafos situados en diversos observatorios europeos. Encontró, por ejemplo, que en el Observatorio de Postdam, Alemania, habían quedado registrados dos picos en el intervalo de 25 horas y 47 minutos, lo que evidencia que la onda dio la vuelta al planeta y pasó dos veces por aquella localidad. A continuación aparecen algunos de los datos tal y como fueron compilados entonces por Whipple y otros espacialistas.

Registros de la onda de choque generada por el objeto cósmico involucrado en el evento del Tunguska (según Whipple)

estación

país

lat.

long.

elementos de la onda de choque

distancia hora fluctuación velocidad

(km) (T.U.) barométrica ( m . s—1)

(microbares)

Irkutsk Rusia 520 16’ N 1040 19’ E 970

01:03

1 200

323

San Petersburgo Rusia 590 41’ N 300 29’ E

3 740

03:33

300

317

Copenhague Dinamarca 550 40’ N 120 30’ E

4 840

04:30

200

328

Berlín Alemania 520 32’ N 130 25’ E

5 050

04:41

300

318

Postdam Alemania 520 24’ N 130 04’ E

5 080

04:41

760

316

Zagrev Croacia 450 49’ N 150 59’ E

5 490

05:08

270

313

Greenwich Reino Unido 510 29’ N 00 00’

5 740

05:17

200

318

Jakarta Indonesia 60 11’ S 1060 50’ E

7 470

06:43

130

322

Washington E.U.A. 380 54’ N 770 03’ W

8 910

08:05

100

317

Postdam (1) Alemania 520 24’ N 130 04’ E 34 920

30:28 (2)

170

321

(1) Datos correspondientes al segundo paso de la onda

(2) Tiempo transcurrido desde el momento en que ocurrió el evento: 0h 16min T.U. del 30/6/1908

En los años siguientes el acontecimiento tuvo muy poca difusión en los medios científicos, hasta que el astrónomo ruso Leonid Alexeevich Kulik (1883-1942) organizó, en 1927, la primera de una serie de expediciones al área del presunto impacto. Estas búsquedas no condujeron a resultados positivos en cuanto a conseguir encontrar los fragmentos del material meteórico o cráteres de impacto. Kulik pudo precisar que la zona de mayor afectación física estaba centrada aproximadamente en los 600 lat. N y los 1020 long. E; a unos 65 km al SW de Vanovara.

El hecho de no haber sido hallada una prueba concluyente de la existencia del meteorito propició el desarrollo de una singular polémica en torno a la causa del fenómeno que, indudablemente, se produjo en aquella fecha y lugar. Ello dio lugar a que se plantearan diversas hipótesis que han conformado el caso más debatido en la historia de la Astronomía en torno a un problema científico relacionado con los meteoritos.

Años después, en 1958, un grupo de científicos de la Academia de Ciencias de la URSS organizó otra expedición y tomó muestras de suelo procedentes de la taigá. El análisis químico de la porción de tierra colectada permitió comprobar la existencia de partículas de masa 10— 6g de hierro, níquel y cobalto, con lo cual parecía confirmarse la hipótesis de que un objeto cósmico de grandes proporciones se había desintegrado en el aire.

A continuación aparece una relación cronológicamente ordenada de las diferentes hipótesis elaboradas en relación con el origen del evento de la taigá del Tunguska. Resulta imposible referirnos de manera particular cada una de ellas. Algunas sobrepasan el límite de lo probable y se trasladan al terreno de lo fantástico.

  1. Impacto de un meteorito de gran tamaño (Kulik y Krinov)
  2. Colisión de un pequeño cometa con la Tierra (Whipple, Mijailov, Petrov y Staniukóvich)
  3. Entrada de un asteroide en la atmósfera terrestre
  4. Explosión de una nave cósmica de procedencia extraterrestre, propulsada mediante combustible nuclear (Kazantzev y Monotskov)
  5. Explosión de un meteorito constituido por una porción de "masa crítica" de uranio
  6. Aniquilación de un fragmento de antimateria procedente del espacio exterior
  7. Rayo láser lanzado hacia la Tierra (?)
  8. Efectos de un tornado de extraordinaria violencia (Sitin)
  9. Impacto de un diminuto hueco negro contra la Tierra (Ryan y Jackson)

No obstante, cualquiera que sea la idea aceptada, lo cierto es que un cuerpo procedente del espacio exterior penetró en la atmósfera de la Tierra sobre el territorio de Siberia central el día 30 de junio de 1908, y que, hasta el presente, no han sido encontradas huellas físicas de un impacto meteórico contra la superficie terrestre en aquella fecha y lugar. Por ello parece especialmente sugerente la hipótesis que atribuye la causa de los fenómenos ocurridos en la taigá del Tunguska a la colisión de un pequeño cometa con la Tierra, cuyo núcleo —constituido por hielo y partículas más pesadas de "polvo cósmico"—, se volatilizó instantáneamente al atravesar las capas más densas de la atmósfera.

Hasta hace algunos años se pensaba que las posibilidades del choque de un objeto cósmico contra la Tierra u otro planeta eran bastante remotas. El testimonio fotográfico obtenido por un satélite artificial estadounidense en 1979, que muestra a un cometa haciendo impacto contra el Sol, y más recientemente, la colisión del Shoemaker-Levy contra el planeta Júpiter, en julio de 1994, parecen indicar que tales eventos no son tan improbables como antes se creía. Afortunadamente para la biota terrestre, el tamaño y la masa de la Tierra no la convierten en un objetivo tan notable para estos proyectiles cósmicos, como sí lo son los llamados planetas gigantes y en particular el Sol.

Se estima que un objeto cósmico cuyo diámetro sea igual o mayor que 200 km, tiene una alta probabilidad para causar la desaparición de la vida en la Tierra. La energía liberada por el impacto de un cuerpo de esas características ocasionaría la dispersión en la atmósfera de una enorme cantidad de polvo y rocas pulverizadas; así como la evaporación de grandes cantidades de agua en el océano, desde su superficie hasta una profundidad aproximada de 200 m. Es conveniente recordar que en ese entorno tiene lugar la fotosíntesis que se verifica en el fitoplancton, proceso que desempeña un papel principal en la cadena alimentaria de los seres vivientes. Además de ello, la disminución de la transparencia de la atmósfera ocasionaría profundas alteraciones en los complejos fenómenos relacionados con el intercambio de energía que tiene lugar incesantemente entre aquella y el océano.

Consecuencias del impacto de un objeto cósmico contra la Tierra (según Stanley, 1997)

diámetro aproximado del objeto

efectos potenciales

intervalo probable entre dos impactos (años)

< 50 m

Destruidos total o parcialmente en la atmósfera. No representan una amenaza para la vida en la Tierra

Continuo. Es el caso común de los meteoritos.

100 m

Desastre cuyas consecuencias se limitan a una zona en específico.

(v.g. evento del Tunguska)

250

1 km

Catástrofe. Destrucción considerable en una región extensa

25 000

10 km

Efectos a escala planetaria

(v.g. extinciones en el K/T)

100 millones

> 100 km

Extinción total de la vida en el Planeta

> 1000 millones

Cálculos efectuados por diferentes especialistas en relación con el evento del Tunguska, indican que el objeto cósmico involucrado entró en la atmósfera de la Tierra con una velocidad geocéntrica estimada entre los 30 y los 50 km s — 1, y que la "explosión" debió ocurrir en una zona compendida entre 5 y 10 km de altura; o sea, cuando el cuerpo sólido penetró en la tropósfera. Aparentemente, la radiante estuvo ubicada en la constelación de Cetus, en un punto situado algo al S de la eclíptica. Se ha extrapolado que la luminosidad del meteoro era equivalente a la M +26. La potencia de la onda de choque debió ser aproximadamente igual a la desarrollada por el estallido en la atmósfera de una bomba nuclear de 20 megatones. Illingworth (1981) ha sugerido para este objeto —suponiéndolo un núcleo cometario—, una masa de 5 x 1010 g.

Este singular fenómeno pudo haber ocasionado un verdadero desastre natural de origen cósmico y acarreado consecuencias muchísimo más graves aun. De acuerdo con los cálculos de Kulik y de Kirkpatrick (su colaborador en el British Museum), si la caída del objeto en la Tierra —conservando la misma trayectoria y velocidad—, hubiese ocurrido sólo 4 horas y 47 minutos más tarde, el extraordinario fenómeno se habría producido justamente sobre la ciudad de San Petersburgo!...


Autoría del Boletín: faustino
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Última modificación: March 09, 2000

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